Hace tiempo entendí que merecer,
igual que prometer, son sola una calada,
un suspiro para tu bonita mirada,
una ilusión que muere cada amanecer.
No me dejo ya mecer
en tu sonrisa airada
en tu cálida alborada
en tu sincero parecer
Qué pronto a nosotros el ocaso,
en acto de ludibrio,
ha llegado con manto opaco.
Y al final, mi razón fluyó con el río,
para colmar el vacío vaso,
de un ya viejo corazón de crío.

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